Ya. La semana que viene. El miércoles a las 20:30 vamos a tener en la Clínica de cuentos del Galpón Estudio una visita ejemplar, alguien a quien siempre quise escuchar porque tiene uno de los primeros libros de cuentos más atractivos y mejor escritos de la literatura. Iba a poner argentina, pero la verdad es que la siento mundial. Con algo de la laosiana Souvankham Thammavongsa y mucho de la mejor narrativa norteamericana (pienso en Flannery O´Connor o en Salinger). Y es un secreto muy bien guardado, parece, porque no se ha reeditado a lo largo de estos años (¡tomen nota, editores!). La escritora en cuestión se llama Anna Kazumi Stahl y el libro, que figura entre los preferidos de mi estante especial, se titula Catástrofes naturales. El relato homónimo es precioso. Y vertiginoso. Y violento. Y de una ternura inusual. Todo eso junto. También rescato Exótica, que leímos en clase. Alberto es fan de Hola, ¿este es el funeral de mi hermano? Fabiana, de Hiroko.
Anna nos mandó un cuento inédito, De hombres, ciervos y cangrejos y una crónica publicada en la antología Más allá del haiku, compilada en 2024 por Koichi Hagimoto e Ignacio López Calvo para la Asociación peruano japonesa. Glosario madre-hija de la identidad nikkei. Va un fragmento de Palabras japonesas. Otras perlas del mismo texto serán subidas durante la semana que viene:
“Shikata ga nai, pero a la vez gambare, y no dejes de lado las
cosas giri,
no seas ni pachapacha ni
urusai,
acordate que deru kugi wa utarero, si no podés estar quieta sentate sobre las manos, shōganai
ne, esforzate, lo
debés a quienes vinieron antes y te dejaron el camino preparado.
Una delicada (¿frágil?) cuna se mete y va abriendo una
puerta nueva entre los contramuros de mi identidad: ser nikkei no es ser japonés (pero sí lo
es, en parte y en combinación con otras cosas). La diáspora lleva, transporta,
conserva –pero en la travesía las cosas, expuestas a elementos foráneos, se
transforman.
“‘Shikata ga nai’, no me jodas” dice mi amigo Raul Gerardo Nakamura, nacido
y criado en San Miguel, provincia de Buenos Aires, diseñador gráfico talentoso
e independiente, hijo de tintoreros issei. “Siempre hay algo que se puede hacer.”
Te seguimos leyendo, Anna. Y el miércoles que viene
estaremos tomando un té verde juntos, con tu amiga Mori Ponsowy que prometió
venir a saludarte y los participantes del taller. Va a ser una gran jornada.
Completamos la noche atacando un picnic de lujo con un kalinti bajo estricta receta de Nat Kiako, chorizos de campo y sanguchitos de miga. Para los dulces hubo una caja grande de chocolates Mamushka que trajo Fabiana y quedó postulada a la pole position… ¿desplazando, tal vez, a Ferreros y Rafaelos? ¡Qué gran final se está gestando para los postres de la Clínica! Lili maneja las apuestas. ¿Tendremos otra vez en pista a Moira Sanjurjo y su torta de ciruelas Presidente? Veremos.
Fabián acelera después de la curva: mandó un cuento policial que sucede en el sector de limpieza de Coto. Blem, Harpic, Poett y Ballerina son sus personajes. Trama matemática y engañosa, al estilo El móvil, de Julio Cortázar. Tuvimos que releerlo para acordarnos y nos quedamos hablando del Taxi Driver de Paul Schroeder, de los móviles que cambian al paso o directamente no existen.
Cosas que suceden en los laberintos o en nuestra casa cuando tomamos vino.
















